Salud, dinero, amor…, y viceversa

26 de octubre de 2009
Múltiples caminos hacia la felicidad existen. Todos ellos no exentos de problemas, decisiones complejas, y sufrimiento silente. Pero independientemente del camino escogido, se hace imprescindible contar con la suerte asaz de que no nos falte nunca, salud, dinero y amor.

Sin estos consabidos elementos de la vida, es extraordinariamente difícil poder alcanzar la felicidad deseada, sobre todo en este mundo terrenal de artificios absurdos, donde nos vemos sometidos a la obsecuencia de pautas sociales asumidas por accidente.

Cuando somos unos niños, con nuestras necesidades básicas cubiertas, y empezamos a caminar por la vida, pensamos que el orden lógico en estos elementos esenciales, pasa por ser: amor, salud y dinero.

A medida que sufrimos el desgaste hiriente del camino recorrido en la vida, pero cuando aún creemos en valores y principios utópicos o idílicos, modificamos el orden básico en nuestra escala de valores a: salud, amor y dinero.

Seguimos avanzando, caminando cada vez más despacio, pero más seguros. Ya las ilusiones no son lo preponderante en la balanza de realidades y deseos. Con el tiempo, la cruda realidad da paso a la prudencia, la búsqueda de la estabilidad, y la tranquilidad. Tenemos claro, sin lugar a ninguna duda, que los objetivos en la vida no son los sueños cumplidos, sino las necesidades cubiertas; y la prioridad es evidente: salud, dinero y amor. Una dependencia jerárquica, que no te deja disfrutar de la siguiente, sino posees antes la anterior.

Pero aún a pesar de todo esto, existimos los estólidos soñadores, los que todavía, a pesar de lo vivido, somos capaces de resistirnos a la evidencia, para vivir en un mundo mejor, lleno de ilusión, alegría, luz y color. No hay nada, si no existe primero el amor. Porqué en el fondo somos aún niños, y no hay peor soledad que la impuesta, la sonrisa forzada, y la economía generosa con la salud desbordante, para poder vivir en la ausencia, en el vacío absoluto, en la opulencia de miradas sin destino, y la indiferencia del sentimiento. Sin amor, no hay peor castigo que sólo salud y dinero, para tenerlo todo, y no tener nada.

Quiero seguir siendo un niño.

Lo auténtico

20 de octubre de 2009
Lo verdaderamente cierto y auténtico, no sólo se sabe, sino que también se siente. Lo que realmente es auténtico, no sólo es evidente para los implicados, sino que también lo es de forma clara e inequívoca, para los que presumen de escepticismos, prejuicios y demás limitaciones del espíritu.

En este camino de obstáculos, de maldades y envidias encendidas, es importante distinguir quienes están de tu lado, y quienes sólo están por algún tipo de interés oscuro, nimio para el desarrollo de la historia de una vida, pero lo suficientemente letal como para acabar con la ilusión de los más débiles.

Su percepción distorsionada siempre está latente en sus mundos perfectos, crece con aventuras y diversiones monótonas, escuchando sin entender, y justificando comportamientos afines a sus propios valores, sin cuestionarse en ningún momento la veracidad e intensidad de lo que tanto envidian. Creen en imposibles, y la posibilidad de creer en lo contrario, les concede una angustia, un esperar sin esperanza, que les convierte en seres dirigidos, caminantes de caminos predecibles, y ánimas ausentes que dejan pasar el tiempo como si no importara nada perder la preciosa oportunidad de vivir sólo una vez.

La diversión monótona, la alegría plana, y los valores tradicionales, son siempre válidos para los inconstantes, los dóciles y los frustrados sin expectativa alguna. No hay peor tiempo perdido, que el invertido en el tiempo de otros.

No existe peor castigo que el que merecemos y provocamos nosotros mismos. Nadie está en posesión de la verdad, pero cierto es, que la verdad no es única, y menos tratándose de sentimientos, exentos éstos de reglas y medidas absurdas como el tiempo, principios o valores, edades y formas de interpretación subjetivas de mentes reiterativas o carentes de ingenio para el cambio más pequeño.

Repetir de forma compulsiva comportamientos adquiridos sin escapar a la monotonía, sólo lleva a un lugar seguro, confortable y aburrido. La aventura, la intensidad del sentir y la alegría de vivir, sólo se encuentran en el riesgo de perder el sentido, en la incertidumbre de no acertar y en las ganas de faltar en la planificación cotidiana.

Si no cruzas, si no saltas, si no arriesgas, seguirás siendo tan feliz como el primer día, llegando a ser tan feliz mañana, como lo eres hoy. Nada.

Estáis por todas partes, sois muchos, sois capaces de embaucar con vuestras palabras huecas de felicidad artificial, pero nunca podréis con lo auténtico, con lo verdaderamente cierto. Sólo un milagro sería capaz de deshacer lo que otro milagro ha conseguido.

Aburridos, monótonos y absurdos comentarios subjetivos. No dais nada, no aportáis nada, no sois más que relleno en la vida de los que sienten ciertamente lo auténtico de la verdad propia, sin proyectar en los demás, valores aprendidos de palabra y no de sentimiento.

Esclavitud sobrevenida

20 de junio de 2009
Viviendo esclavo de mis decisiones. Viviendo en mi propio ergástulo.

Compartir

20 de mayo de 2009
Me entristece mucho pensar que existen ángeles entre nosotros que han sufrido la desdicha de cruzarse con egoístas fatuos, que no han sabido compartir nada, y tratarlos como merecen.

Hay corazones perdidos, almas gélidas que piensan, que compartir es algo que uno "tiene" para dárselo al otro. Se equivocan, no tienen nada, y se pierden lo más bonito que somos capaces de vivir.

Compartir es algo que surge de un todo único, del uno y del otro, y que no es de ninguno, es de los dos.

Compartir es sentir un golpe de sensaciones con sólo una mirada. Dar lo que más necesitas, sin esperar nada a cambio. Hacer tuyo lo del otro sin permiso y consentido por los dos. Sentir la lágrima del otro antes de hacerse real. Sufrir, sintiendo como quema el dolor, a la vez que lo siente el otro.

Compartir es vivir una alegría que no es tuya, como el mejor de los regalos, y conocer donde están las cicatrices del alma a quien amas, para cuidarlas y hacer que no se abran.

Compartir es, ser feliz.

Sin más

12 de mayo de 2009
Al principio era sólo, y ya bastante, una mirada. Ahora es un decir, un entender y un participar del otro. Explicarlo todo sólo con mirar.

Una caricia, un sentir y un saber esperar. Un silencio. Infinita paciencia. Una forma única de estar y compartir. No hace falta hablar.

Un paseo, un abrazo y una sonrisa. Todo ello un mundo. Nuestro nuevo mundo. No hace falta más.

Ya no sólo camino sin lastre, sino que además, no lo hago solo. Ya sólo falta liberarme de principios absurdos, y culpabilidades falsas.

Me quiero levantar, estar y caminar contigo cerca, a mi lado.

Por separado podemos volar, pero juntos llegaremos más allá.

Culpable

10 de mayo de 2009
No quiero conciencia. Quiero vivir un momento, no pensar, estar sólo en un sitio. Quiero tranquilidad, culpabilidad ausente. Quiero entregarme. Terminar con todo. Necesito paz. No encuentro nada. Es desesperante. Tanto tiempo, tantas cosas. Esperar que suceda, sin saber que espero. No quiero. No puedo. Fallo siempre. Falto. Angustia noble. Solo tenía que ser y no fue. No puedo con todo. Me desborda, me pesa tanto. No es como esperaba, duele mucho más. No estoy cuando debo estar, siempre ausente y decepcionante. Lo siento.

Sólo en mi soledad hiriente. No merezco nada. ¿Cuándo volveré? No quiero, ni soporto, no estar donde debo en el momento que corresponde.

Agonía eterna. No puedo más. Si no puedo estar, mejor no estar. Si no puedo dar, mejor no dar. Si no puedo, lo mejor ni intentarlo, nunca más.

¿No sé cuánto tiempo más podré soportarme?

Perdón. Lo siento. No he hecho nada. No quiero este peso que me oprime y no me deja vivir el presente. Quiero desaparecer del todo. Ausentarme de los recuerdos de los míos, qué nunca nadie recuerde quien fui, ni lo que hice.

Sólo quiero poder dormir, recuperar una vida y no ser culpable.

Gotas de dolor intenso. Las lágrimas que más me duelen, son las que se deslizan silentes por mi alma ausente.

El mar

8 de mayo de 2009
Intensidad cálida y suave. Irresistible tentación azul. Profundidad oceánica.